lunes, 18 de agosto de 2014

Porque el término "clases sociales" sigue siendo necesario

Hoy, he terminado por completo la lectura del libro "La culpa de de los libros", de Pascual Serrano. Es un libro que precisa ser leído una y otra vez, con calma, reflexionando sus palabras, dejando que calen hondo. 

Aquí me gustaría hablar acerca de un capítulo en especial que me llamó poderosamente la atención: el capítulo número XIV, titulado "Clases Sociales". Particularmente, llevo desde hace mucho tiempo discutiendo con la mayoría de mis profesores, ahora de la universidad, antes del instituto, acerca de la conveniencia o no del uso de dicho término. Ellos consideraban que el término no era adecuado para nuestros días, ya que consideran que hoy en día no hay clases sociales, desde su óptica, en el capitalismo todos podemos llegar tan lejos como nos propongamos. Por otra parte, yo siempre he defendido que es un error desechar tan ligeramente un término proveniente del análisis marxista, que lejos de estar desfasado, está más de actualidad que nunca en el contexto de una crisis generada por el neoliberalismo que nos muestra con más claridad si cabe que en el capitalismo, existe una clase trabajadora, que tiene cada vez más dificultades, peores salarios, condiciones laborales que son de chiste sin gracia, y cada vez menos posibilidades de mejorar su status social a través de los estudios, sobre todo a raíz de los recortes que padece la educación pública y las grandes inversiones que se hace, no obstante, en la educación privada.

En cualquier caso, recomiendo a todo aquel que le interese ahondar más en este tema la lectura de este capítulo de la obra de Pascual Serrano, ya que expresa con la claridad y la ironía que le caracterizan los problemas que surgen a partir de la ambigüedad con la que ahora denominamos las cosas. Entre los problemas que este autor analiza se encuentra uno que considero fundamental: si no sabemos que formamos clases sociales, que los habemos pobres y con dificultades y los hay ricos y con abundancia sin fin, que cada uno juega un papel en base a esto en la vida y que los privilegios que tenemos a raíz de esto son bien diferentes, al final nos desorientamos. Cuando no tenemos estas nociones para examinar las injusticias, fallamos a la hora de buscar al culpable, y en muchas ocasiones echamos la culpa de nuestras miserias a la inmigración, a los "otros", a los "jóvenes ni-ni", a aquellos que son unos vagos y no trabajan...etc, etc, etc. Hace poco escribí una entrada titulada "Historia Americana X" en la que hablaba de un caso de un chico que se unía a una banda neonazi a partir de su inconformidad con la situación económica, política y social de su país. Después de leer este capítulo del libro de Pascual Serrano he sido capaz de darme cuenta de un aspecto en el que no había recaído antes: la falta de terminología con la que mencionar lo que nos ocurre desemboca en situaciones de confusión, en la que se está en peligro de caer presa de discursos de personas malintencionadas que se valen de estas cosas para promover el odio racial.

Cuando al pan se le llama pan y al vino vino, los culpables de las injusticias aparecen de forma clara ante nuestra vista, pero eso no le interesa a todo el mundo, ¿no?


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